POR GUILLE HUERGO*

¿Será casual que la Escuela de música popular está en Avellaneda? ¿O que esta tierra se haya llenado de aires de folclore y rock? ¿O tendrá que ver con que el conurbano está entre el campo y la ciudad?
¿Acaso el Riachuelo canta tangos, la tierra colorada interpreta chamamé y… qué nos dice el conurbano sur, esa mezcla de pampa, río y ciudad?

Durante años miramos afuera y corrimos por un cemento que nos llevaba de la ciudad de las luces a la de las diagonales, sin escalas. Por acá, puro baldío. Una tierra regada de semillas que se desterraban para ser flores en otro lado.

Es tiempo de acercarse, cultivar nuestro jardín y disfrutar de lo que acá sucede. Es tiempo de dejar las luces externas y encender nuestro interior, de dejar las diagonales y caminar nuestras calles. Es tiempo de trazar líneas que unan nuestros paisajes, nuestras diversidades, nuestro hacer. Tiempo de una construcción sincera, colectiva e independiente, que en su caminar nos devele la transformación. Momento de cosechar una cultura alternativa, que nos salve de perdernos de nosotros mismos; que nos libere de la malcultura, que nos quiere pasivos, callados y comprando.

Lo alternativo como aquello a lo que acceder, buceando en lo profundo de nuestro ser y sorteando lo que se nos impone masificadoramente como única posibilidad de existencia y éxito.

Acercarse para correr el velo de lo establecido y crear los propios colores que iluminan nuestros días. Y aunque nos digan que todo está hecho, cultivar nuestra posibilidad de creación genuina de “aquí y ahora”. Un aquí geográfico, pero también como perspectiva única. Un ahora que es presente, pero atiborrado de historia compartida. Abrazar lo propio, que es siempre lo ajeno también. Queremos cosechar entre todos hoy, ahora y acá, nuestras charlas, aprendizajes, canciones, escritos, películas, obras teatrales, colores y días.

*Guille Huergo forma parte del Club Cultural Interlunio de Quilmes.

Fotografía: @franzjacques

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